miércoles, 14 de octubre de 2009

Rigoberta Menchú: "En el pasado siglo no pudieron exterminarnos"


Por Medardo Arias Satizábal


Para Rigoberta Menchú, una sola reflexión bastaría para cambiar el alma humana, en pos de un sentido solidario: "Saber que somos temporales; que al morir no nos llevamos nada... ¿Para qué manchar, entonces, ése, nuestro breve paso por la tierra?". En compañía de veinte líderes mundiales, entre los que figuran el Dalai Lama y el escritor colombiano Gabriel García Márquez, promueve un nuevo Código de Ética para la Paz, o lo que ella denomina "la cultura de la paz". Así mismo, avanza en la organización de la Cumbre Mundial de Pueblos Indígenas.

Rigoberta nos mira desde la hondura de su mirada, que es como un manantial de perdón y de inocencia, y avanza hacia el fondo del comedor con su caminar de pájaro de colores.

New Haven
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Rigoberta apoya despacio los pies en la tierra, como para que sus pasos no se sientan, y poder, así, trascender como los pájaros, que están presentes y trinan en las ventanas, pero nadie los ve, y a veces, ni los siente. Sólo que ella está y empieza entonces a dejar caer esa suave ternura para decir las cosas más dolorosas, una dulzura que es esperanza y paz al tiempo. Fraterniza rápido con la gente porque está dotada de una magia sobrenatural, del don de quienes hablan, sienten y presienten desde el corazón, y a veces, para ellos, no es menester el uso de las palabras.
En el "Lyman Center" de la Southern Connecticut State University, los centenares de personas que se congregaron ahí para escucharla, venidas de distintos puntos del Estado, pudieron comprobar el sentido "oculto", de chamanismo natural, que la acompaña. Una mosca había decidido navegaren su vaso, y ella lo advirtió con un anuncio perentorio:
- "Un mal espíritu acaba de llegar aquí... "

El auditorio hizo un silencio hondo y el presidente de la universidad se apresuró a buscarle una botella de agua, sólo que, ese momento, el mal espíritu que estaba a la diestra de Rigoberta Menchú decidió emprender el vuelo delante de la luz del auditorio extasiado.
La expectativa creciente ante su discurso tenía que ver con el Women's Studies Program de la Southern Connecticut State University, una extensa liga de mujeres ahí congregadas, y la reciente publicación del documento llamado "Remhi", Recuperación de la Memoria Histórica, el cual fue recopilado por la Iglesia Católica de Guatemala y dado a conocer por la ONU. En ese texto, y gracias a las denuncias hechas por Rigoberta y los líderes mayas del país centroamericano, se dan a conocer todas las atrocidades y violaciones cometidas por el régimen militar, amén de asesinatos, desapariciones, quema de poblados y delitos de lesa humanidad.
Igualmente, ella, Nobel de la Paz en 1992, viene de reunirse con el Dalai Lama y otros líderes mundiales distinguidos con ese mismo galardón, con quienes ha discutido una propuesta de paz para los pueblos del mundo, en el nuevo milenio, denominada "Cultura de la Paz" o "Nuevo Código de Ética para la Paz".

Rigoberta nos mira desde la hondura de su mirada, que es como un manantial de perdón y de inocencia, y avanza hacia el fondo del comedor con su caminar de pájaro de colores -la entrevista se lleva a cabo en una pequeña salita acondicionada dentro del claustro de la SCSU-, pues viste un traje de chaquiras policromas, tejido a mano, en el cual se observan escenas de labranza. De la entereza de su rostro de madre que anheló la vida de un hijo con nombre de pájaro, Colibrí, quien falleció hace cuatro años, Rigoberta dos deja a merced de su corazón en calma.

- ¿Existe un propósito real de las economías más fuertes del mundo, v. gr., Estados Unidos, para mejorar las condiciones de vida, la educación de los primeros habitantes de América?

No lo hay; no existe un propósito de ayuda a nuestra gente, pues el mundo occidental mira todavía a los nativos como adversarios, no como amigos; creo que el cine tuvo que ver mucho con esto. A los pueblos indígenas o los eliminan, o se mueren. Los métodos han cambiado hoy, pero la realidad, para nosotros, es la misma. La belleza es que, al finalizar el pasado milenio, sentimos el orgullo de decir: "No nos exterminaron y vamos a cruzar juntitos el umbral del nuevo siglo; aquí estamos". Si alguien pensó que acabarían con todos nosotros, el nuevo siglo les está diciendo muy claro: "Fracasaron". Para nosotros, mayas-quichés, nuestro sistema está ahí, intacto, a pesar de todo. Rompimos el silencio y estamos en nuestra lucha, aunque el discurso de la globalización y la tecnología es una carrera en contra nuestra.

- El lenguaje ha sido a menudo otra forma de discriminación y dominación frente a las minorías del mundo. Los términos "indígena", "primitivo habitante", "indio", han jugado ese papel. ¿Qué opina de ello? 

Depende de la intención que está detrás de las palabras. En nuestro idioma, esas diferenciaciones malintencionadas no existen. Imaginemos cómo un quiche diría a otro: "Vos sos un indígena...". No lo concebimos, no tiene traducción, no existe en nuestra lengua. Por tal motivo, no hemos sido afectados por los estereotipos, porque la mala intención de esas expresiones no ha llegado a nuestros cerebros. 

 - Las primeras grandes familias nativas de América fueron masacradas, sometidas y luego confinadas a vivir en reservas, en pequeñas parcelas, lejos de toda la tierra que un día les perteneció. ¿De qué manera puede el mundo occidental resarcir esta deuda histórica?

Esa deuda es impagable. Creo que es cuestión de dignidad, no de recursos mate-riales para indemnizarnos de todo el mal causado. Hay que recordar que nuestra gente está ahí y continúa siendo una fuente de derecho, de valor, de dignidad. Nosotros sabemos que los recursos económicos son también motivo de paternalismo frente a nuestra historia. Hemos querido, siempre, vivir en libertad, porque la libertad libera las culturas. Estoy sorprendida de la insensibilidad de quienes se niegan a darle libertad a Leonard Pelletier (1), nuestro hermano que lleva 27 años en la Cárcel de Minneapolis. Le han inventando una historia jurídica y ya perdió uno de sus ojos. Estamos pidiendo a la presidencia de Estados Unidos clemencia para él.

- ¿En algún momento ha pensado en lanzar su candidatura a la presidencia de Guatemala? ¿Algún grupo político le ha hecho esta propuesta?

Todos los políticos de Guatemala, hasta ahora, no me han visto con potencial presidenciable, sino como una rival. No niego que si yo fuera candidata, se daría un movimiento indígena que ganaría la simpatía inmediata del pueblo maya, pero los políticos y los empresarios sentirían una amenaza. Por conciencia, sé que no debo presentar mi nombre a una contienda electoral; definitivamente, no sería una candidata común y corriente. Si lo fuera, no descartaría el destino de Gandhi, de Martin Luther King. Creo que me eliminarían, sin corazón. Ahora las condiciones no están dadas, pero uno no puede decir: "De esta agua no beberé". De pronto en diez años...
La pregunta a Rigoberta tuvo que ver con el repunte de los candidatos provinciales de Guatemala, de la etnia maya-quiché, quienes aseguraron victorias electorales en los comicios. Fueron ellos Juan León, candidato a una Vicepresidencia, y Vitalino Siminoch Cachiquel, Vicepresidente de la Alianza Nueva Nación.
Sus viajes por el mundo entero la han familiarizado con la lengua inglesa, la cual pronuncia con gusto en sus acepciones básicas. Le gusta salpicar sus conferencias con "algunas palabras" en inglés, porque está con-vencida de que los "mayas, como todas las naciones del mudo deben tener acceso al bilingüismo, a un conocimiento y a una educación pluricultural". Buena parte de la población maya en Guatemala habla español, pues, como la misma Rigoberta confirma, "mi pueblo ha sabido interpretar y entender las culturas no indígenas". 

Ese conocimiento de la lengua del "invasor" fue el que le facilitó "romper el silencio" y escribir su libro "Me llamo Rigoberta Menchú, y así me nació la conciencia", el cual han leído más de 50 millones de personas en todo el mundo. Las denuncias que ahí escribió fueron el inicio de un plan político serio de los gobiernos del orbe para vigilar de cerca el proceso de paz en Guatemala. Al menos 400 policías, según su propio testimonio, la apresaron para confinarla en la cárcel, pero la resonancia de su lucha, así como el riesgo de dar a conocer y denunciar ante el mundo los atropellos del conflicto armado en su país, permitieron la materialización de informes ante los organismos rectores del orden mundial, tales como el elaborado por la llamada Comisión de la Verdad. "Por más de veinte años nos hicimos expertos en la realidad guatemalteca, así que cuando los gobiernos del mundo pusieron la mirada en nuestro proceso de paz, ya tenían conocimiento suficiente de nuestros problemas. Fue por ello que ja-más hubo amenazas de intervención", dice.

-Poco antes de ser conocido el Informe Remhi en la ONU, un autor norteamericano (2) aseveró que usted había mentido en su libro. ¿Cómo recibió esa afirmación?

Existe en Norteamérica una corriente de antropólogos revisionistas que tratan cada día de reencauzar las aguas, queriendo hacer retornar los ríos a su posible origen. Contraponen, por ejemplo, su "ciencia" a los problemas de los indios. Son revisionistas de carácter reaccionario que tratan de ridiculizar la historia de los pueblos indígenas. Desafortunadamente para ellos, hoy no sólo escriben la historia los colonizadores, sino también nosotros, los "vencidos", quienes salimos a contar nuestra propia historia. Esta misma corriente del revisionismo histórico se ha presentado con los judíos en Europa, pues cada vez salen más estudios en los que tratan de demostrar que el campo de concentración no estaba ahí, en determinado terreno, donde aseguraron las víctimas que fueron torturadas, sino un poco más allá, en otro sitio. Stole dice, por ejemplo, que mi hermano Patrocinio no fue quemado, cuando pude verlo con éstos, mis ojos, ver sus uñas calcinadas. Él, que ha averiguado tanto, seguramente sabe dónde fue enterrado... Ahora tratan de enterrar también la historia escrita por los indígenas. Nosotros estamos recuperando la historia de Guatemala. El Informe Remhi recoge lo más increíble de esa historia. Ahora que el señor Stole ha hecho sus afirmaciones, imagino que mucha gente dirá: "Si miente la india más fina, ¿por qué no van a mentir los demás indios de Guatemala?".

- ¿Qué le agrada de los Estados Unidos? ¿Qué le disgusta?

De este país me encanta su cultura plural, su diversidad. En una nación de gente generosa; siempre he encontrado una solidaridad extraordinaria en los Estados Unidos. Toda esta imagen que amo difiere, sin embargo, de la imagen que han fabricado sus gobernantes, hacia afuera. Han creado tabúes con sus intervenciones, con su arrogancia en política externa. En Estados Unidos también, lo reconozco ahora, existe arrogancia académica. Pero nada de ello corresponde a la nobleza de su población, a su gente, que es maravillosa. En los Estados Unidos, además, trabajamos con la mujer hispana y sus perspectivas, al tiempo que apoyamos la defensa de la educación bilingüe, un derecho por tantos años ganado, el cual se ha puesto en peligro ahora con el retorno de la educación impartida sólo en inglés.
Rigoberta da un sorbo largo a su botella de Coca-Cola, que siempre la acompaña, y la aparta cuidadosamente a una mesa, cuando observa la lente de la cámara lista para el Click..! "No vamos a hacerle propaganda a Coca-Cola ahora ", dice, entre picara y sonriente.

- Usted fue nombrada por la Unesco como Embajadora de Buena Voluntad. Recientemente estuvo en Colombia y pudo observar el proceso de paz que se vive allí. ¿Hizo algún compromiso para la búsqueda de esta paz tan necesaria en esa nación?

Para mí fue una gran bendición haber tomado la decisión de aproximarme al proceso colombiano. Estamos tratando de entenderlo. Si no entendemos, no podremos respetar las particularidades de este proceso. Vamos a ser respetuosos de los mecanismos de paz ya establecidos ahí, para colocarnos al lado de la sociedad civil, de la Red de Niños -hay más de un millón de Niños por la Paz en Colombia, y algunos de ellos están amenazados de muerte-, un fenómeno que sólo he observado ahí. Es el único país de la tierra donde los niños han conformado esta poderosa red de solidaridad para ver a su país en paz. Las mujeres agrupadas en asociaciones fuertes, el Movimiento Cristiano y los departamentos, han ofrecido las áreas donde se desempeñan como santuarios para la búsqueda del diálogo que permita la paz. La Unión Nacional Indígena de Colombia, Unic, también ha ofrecido su respaldo a este proceso. Ahora quiero organizar una reunión con varios Premios Nobel para buscar la solidaridad mundial con Colombia. Allí la gente necesita apoyo, respaldo, aliento. Debemos concentrar todos nuestros esfuerzos en torno a ellos. Necesitamos soñar la paz junto a los colombianos.

Su fundación también hizo presencia reciente en Venezuela, pues los indígenas venezolanos solicitaron asesoría a Rigoberta para ser incluidos en la Constituyente de esa nación. "Para nuestros hermanos de Venezuela estamos buscando leyes de autonomía", asegura.

- Nos gustaría que, en nombre del pueblo maya, nos dijera, en cinco propuestas, cuál es su esperanza, cuál es su mensaje para el presente milenio.

1. Elaborar un nuevo Código de Ética para la Paz, el cual contempla la eliminación de las armas nucleares en el planeta.

2. Invertir la misma cantidad de recursos financieros que hoy se emplean en desunir a los hombres, en el sueño de la paz, la cual es sinónimo de cultura y educación. Queremos que florezcan las culturas, queremos dejar atrás las huellas coloniales a través de una Cultura de la Paz, para que la gente decida vivir en libertad y armonía. Debemos saber que al morir no nos llevamos nada, no somos dueños de nada. Somos temporales. ¿Para qué manchar, entonces, este corto paso por la tierra? Hagámoslo noble.

3. Sería tremendo si recuperáramos el sentido y el contenido real de la solidaridad. Si fuéramos solidarios, podríamos enfrentar a tiempo los desastres, las dificultades del mundo, la desigualdad, la miseria. Es necesario que todos enfermemos con una epidemia de solidaridad, algo que contagie al mundo.

4. Entendemos que cambios sustanciales del mundo no los van a hacer los gobiernos. La sociedad civil debe poner una gran cuota de poder para la transformación del mundo. Debemos involucrarnos todos en la defensa de nuestros derechos, para que no haya impunidad, pues ésta genera discordia, violencia.

5. Que de repente un día los medios de comunicación fueran más respetuosos y estuvieran de verdad al servicio del mundo real, de las noticias y los acontecimientos reales, pues la prensa se ha frivolizado. Siempre he pensado: ¿Qué tal que un día los periódicos amanecieran más sensibles y no le hicieran tantas concesiones a la propaganda, sino que informaran sobre acontecimientos para sensibilizar a la gente para estimularla a vivir mejor?
Estamos organizando una gran Cumbre Mundial de Pueblos Indígenas, y ahí vamos a decirlo todo. Vamos a denunciar todas las ofensas que nos han hecho.
     Rigoberta deja asomar unas lágrimas; sus ojos brillan como carbones encendidos: "Creo que ahora es necesario soñar juntos mil años de paz...".


(1) Leonard Pelletier, indígena dakota confinado en prisión por rebelión.-


(2) David Stole, autor del libro Rigoberta Menchú and the story of all poor guatcmalans.



La Nobel de Paz, Rigoberta Menchú, en reportaje con Medardo Arias Satizábal, expresó; "En el siglo XX no pudieron exterminarnos". Esta entrevista fue reproducida por la revista de la Universidad de Yale.



domingo, 11 de octubre de 2009

"Los caribeños somos como los griegos", dice Derek Walcott



Por Medardo Arias Satizábal
Derek Walcott, Premio Nobel de Literatura 1992


Al igual que otros escritores del mundo que pertenecieron a colonias inglesas o francesas, recogió el legado literario de esa cultura que vino del otro lado del mar, y la enriqueció a su manera, con unos giros locales que trajeron riqueza singular a su poesía, según lo reconoció el jurado del Premio Nóbel de Literatura en 1992, año en que fue laureado en Estocolmo.

         De ese Caribe multilingüe y variado, colorido y profundo, esta cultura ha reclamado ya varios Nóbeles en Estocolmo. Podríamos citar a Gabriel García Márquez, a V.S. Naipaul, el extraordinario escritor trinitario, y también al autor de “Anábasis”, Saint John Perse.

         Al igual que en el Sur de los Estados Unidos y en estados como Massachussets, la lengua inglesa conservó sus más ricos, intricados y coloridos giros arcaicos, los mismos que, para asombro del jurado de Estocolmo, aparecen en los versos de Derek Walcott quien, quien a la manera Vicente Huidobro con el poema “Altazor”, ensayó una letanía épica de más de 200 páginas, donde pone las bases de una estética del Caribe inglés: “Omeros”.

         Walcott vino a Hartford para iniciar la lectura colectiva de “Omeros”, la misma que se prolongó hasta el día siguiente, dentro de un esquema en el que participaron estudiantes, profesores y poetas del estado de Connecticut.

         Walcott miraba casi con incredulidad esta experiencia de ver su libro ir de mano en mano en diferentes acentos y en particulares elocuencias.

-¿Cómo observa a la cultura norteamericana hoy?

Creo que la sociedad norteamericana está infectada por el dinero; usted ve cómo toda creación artística nace ya predeterminada hacia lo que es o no “rentable” La experiencia norteamericana me convenció que donde debía estar, realmente, era en mi casa, así que cuando volví a Trinidad, empecé un taller de teatro que llegó a ser una excelente compañía para mí.

-A usted se le atribuye el ser uno de los creadores de la estética literaria del Caribe inglés; ¿cómo podría definir este aporte?_

Déjame en paz…(risas) Creo que eso es muy difícil de contestar de manera sencilla. Si tenemos que hablar de calidades, de la individualidad del novelista, es menester reconocer que su ficción, su tradición, está siempre basada en una isla distinta y casi siempre con acceso a dos o varias lenguas. Si ves, Santa Lucía es francesa e inglesa al tiempo. En Trinidad, particularmente, primero se habló Español, pero hoy encuentras ahí muchas lenguas, todas vivas, como el Chino, el Creòle francés, además de una importante población venida de India. Lo que quiero decir es que cada autor caribeño, viene siempre de otro idioma, de una realidad dialécticamente mixta. Miremos la ficción que se ha producido en Jamaica, Antigua, Saint Kitts, Trinidad, y la identificación racial de los escritores que han surgido en estos lugares. Hablo por supuesto de V.S. Naipaul, de James, de Gina Reese. Su propia experiencia racial histórica, es parte de su biografía individual. Mucha literatura caribeña es autobiográfica en términos de esa experiencia.

-La herencia cultural no logra entonces definir un panorama “específico” del Caribe…

Nuestra figuración no sería tan significativa sin esa herencia. Observa la experiencia africana e India en Trinidad, o el caso de Bobby Anthony, con raíces italianas, pero afincado en el Caribe. Que cada escritor pueda echar una mirada atrás, es un privilegio. Nuestra herencia cultural es de esas islas, y pertenece también a continentes, al tiempo. La individualidad de la que hablo no es una contradicción sino un rico patrimonio.

-¿Como define entonces este carácter de los escritores caribeños?  

La identidad racial de cada lugar es importante, y con ello las distintas mezclas religiosas. Cada escritor tiene su propio sello o estilo; así que podemos afirmar que un párrafo de Naipaul puede ser diametralmente distinto a uno de James. Esto resulta fresco y excitante.

-¿Recibió usted alguna influencia del poeta Saint John Perse?_

Sí, pero eso vino mucho después; yo tenía una formación inglesa, obviamente, y nunca me he sentido extranjero o foráneo en esta lengua. Mi primera educación fue en literatura clásica inglesa. Al tiempo, se presenta el resurgir de la literatura caribeña, con su propio lenguaje, así que tengo estas dos influencias. Por un lado, banano y cocos, y por el otro lagos y bosques…

Como en su primer libro, “La Noche Verde…”

Sí, no me da pena reconocer que ahí puede verse la influencia de T.S. Elliot, de Auden y Dylan Thomas. Si lo miras bien, parece casi una antología de ellos, porque creo que parte de la tarea del artista es pasar parte de su vida aprendiendo de otros. No importa si estas influencias tienen consecuencias. Eso de que cada escritor debe establecer su propia personalidad, es una idea del siglo XX. Muchos críticos andan buscando siempre influencias, les gusta saber de dónde vino tal o cual idea o metáfora, pero para alguien que quiere ser poeta, no debe importar de dónde vienen las influencias; no tengo ninguna pena al admitir que estudié muy dedicadamente el diseño de ciertos poemas. Siempre me he considerado un aprendiz, y este aprendizaje es algo que nunca se detiene.

-Luego la literatura es más un asunto de humor que de inspiración…

Hay una idea de humor en América, y por América no quiero decir  Estados Unidos, sino el Nuevo Mundo. Este humor puede ser grotesco o satírico, pero realmente es la idea del goce, del disfrute. Este goce está estrechamente ligado a la percusión, al ritmo. Mira la música de América Latina y el Caribe; está basada, mayormente, en la búsqueda de la dicha. La gente puede estar triste, muchas veces, pero el ritmo va por un lado, muy alegre. Esto es algo muy fuerte para la literatura. Esa percusión puede venir del ritmo africano o de la India y no de ese panorama elegiaco que se atribuye a toda gran literatura. En el Caribe podemos dar ejemplos diarios del deleite, y esto es una cualidad, la cual no abunda en la literatura europea, con excepción de la rusa. No es que una literatura sea mejor que la otra. Sólo que este humor nos viene también del sufrimiento y nuestra habilidad para perdurar, para crear una nueva dimensión que no es comedia ni es tragedia; sólo tragicomedia. Abundamos en ironía y sátira, en esa capacidad de mofarnos de nosotros mismos.

Usted ha comparado el Caribe con esa literatura de archipiélago que surgió en Grecia y contaminó al mundo…

Escribí un libro al respecto y eso me ha hecho, supuestamente, experto en mitología griega. Pero no me considero una autoridad. La historia de Helena de Troya en Santa Lucía, viene a ser como la “Helena de las Indias”, la que cambió de mano trece veces. Santa Lucía, donde nací, es estratégicamente como Gibraltar. Entre franceses y británicos cambió treces veces, tuvo trece tratados. Cuando era joven, llegaban las referencias griegas a través de la cultura inglesa y de la francesa. Estábamos familiarizados con la historias de Ulises, y claro, ahí puedes ver de una isla a otra, como en Grecia. Saint Vicent, está a 23 millas de Dominica. Yo puedo ver Martinica desde el balcón de mi casa. Entonces tenemos este sentido muy fuerte de archipiélago. No conozco Grecia, pero creo que debe ser casi lo mismo. Lo podía sentir cuando leía la Odisea; sabía que este señor que contaba esas historias, era alguien en quien se podía confiar; eran narraciones magníficas, pero sabías, al fondo, caribeñamente, que eran pura mierda. El tipo iba a una isla y encontraba gigantes. Homero no podía dar confirmación de esto, pero Ulises lo corroboraba. Todo transcurría dentro de las historias.

La superstición es también una cultura que une todo este archipiélago Caribe…

Ahí puedes encontrar un agüero conectado a cada isla; cada una tiene su propia experiencia supersticiosa, cultura que coexiste con la religión. Para cualquier poeta o escritor, esto es tremendo, porque tienes al frente una cosa que siempre está a medio camino de la otra. En la expresión afrocolombiana, por ejemplo, vas a encontrar siempre lo español. Dos mundos al tiempo. Por la vía del mito, este es el balance que tenemos en el Caribe. Shakespeare y García Márquez, al tiempo. Todavía hay gente en Santa Lucía que cree en los espíritus, pero ello no les permite rechazar la tecnología. Hay algunos escritores que odian eso, tratan de ser muy racionales, como V.S. Naipaul; no quiere oír nada de eso. Pero la mayoría de los escritores tratan de encontrar un balance.

Entre 1957 y 1958, usted hizo teatro en Nueva York. ¿Cómo era entonces el ambiente cultural de esta ciudad?

Extrañaba la casa, quería volver, sentía nostalgia, pero estaba inmerso en el teatro japonés, el de Kabuki, tenía mucha curiosidad por un movimiento teatral en pleno desarrollo, el que me llevaría luego a tener mi propio grupo trinitario y caribeño.

¿A quién se le ocurrió bautizarlo Derek Alton Walcott?

Mi madre fue viuda y ella me dio este nombre; ella tenía herencia holandesa. Derek es un nombre holandés y algo inglés también. Ella venía de Saint Martin. Mi abuelo paterno era inglés; vino de Barbados a Santa Lucía. Mi padre quizá fue hijo ilegítimo. Trabajó en el servicio civil y tenía afición por la pintura. Le gustaba usar acuarelas y también escribía. Sé que hizo algo de teatro con un grupo que creó mi madre. A él le encantaban los amigos, la música, la actuación.

-¿Cuál era el nombre de su primera novia, cómo eran los romances de su tiempo en Santa Lucía?

Mi primer amor creo que fue verdadero y ocurrió cuando tenía 18 años. Recuerdo que ella era mucho menor, y se llamaba Andreuille. Cuando eres joven te sientes maravilloso si ves a tu chica al menos por 1 minuto al día. A veces la veía pasar, al inicio, y ella ni siquiera se fijaba en mí. Yo estaba un poco loco por ella, pero me sentía fantástico todo el día. No hay nada que pueda compararse a esos amores de juventud.

-¿Cuál es su lugar predilecto cuando regresa a Santa Lucia?

Tengo una casa allá; con el dinero del Premio Nóbel me construí una casa muy linda. Tiene vista a la bahía, un magnífico panorama. Puedes ver pasar las canoas. Los pescadores son mis amigos. Cuando regreso ahí tengo la buena compañía de Sigfrid. Ella, aparte de ser linda, es buena conversadora. Esto es muy importante para mí. Uno puede ser muy bello, pero el encanto se mengua rápidamente si no se puede conversar.

-¿Cómo observa a Colombia, cuál es la lectura que hace cuando escucha el nombre de nuestra nación?

En verdad, debo ir a Colombia, conocerla. Hay simplificaciones periodísticas que la definen como una narcoeconomía, pero es a veces muy fácil decir esto desde los medios; no se puede prejuzgar. Yo nunca he creído que todo colombiano es drogadicto o que todo el mundo es corrupto ahí. Creo, seriamente, que Gabriel García Márquez redime siempre el nombre de Colombia. Él es una especie maravillosa de mago y escritor. Yo creo que el asunto colombiano, de verdad, es lo que está al interior de él; el humor y la suavidad, eso es colombiano.Nunca he sido su amigo, pero lo admiro grandemente. Soy amigo de algunos de sus fraternos,  como Carlos Fuentes.

Derek Alton Walcott, el admirador del arte prerrafaelista, trabajó con Paul Simon y Rubén Blades para el montaje de “Capeman” en Broadway, lo que consideró un fiasco, pues tuvo diferencias con Simon, al tratar de imprimirle un aire más hispano o puertorriqueño a esta obra, según sus propias palabras; Walcott, el poeta que no cocina “ni un huevo”, pero disfruta a mares del pargo rojo y la langosta en su tierra, para él el lugar más bello que existe. “Lo amo por todas partes; para mí Santa Lucía es como una mujer…” 

Derek Walcott, Lise Waxer, Medardo Arias. Lise Waxer, etnomusicóloga canadiense, catedratica de Trinity College en Hartford y esposa de Medardo Arias, realizó la traducción simultanea de este reportaje.